Todos los organismos vivos tienen la capacidad de captar información de su entorno y de actuar de la manera más beneficiosa para ellos. Cuando la supervivencia y el progreso del organismo requiere una acción, esta puede ser de tres tipos: 1. Autoplastica, cambiarse a si mismo para mejor encajar y aprovechar el entorno. 2. Aloplástica, cambiar el entorno para sacarle mas provecho. 3. Heteroplástica, irse a otro entorno mas benefico y provechoso.
Inteligencia es la capacidad de procesar la percepción del entorno para actuar sobre él de manera eficaz. En la evolución de los seres vivos han ido apareciendo distintos niveles de inteligencia, desde las simples bacterias hasta su culmen en el entendimiento humano.
La primera inteligencia animal fue la de los reptiles, animales de cerebro muy simple, pero sumamente eficiente para asegurar su supervivencia. Funcionaba tan bien este cerebro que la naturaleza lo conservó, con algunas mejoras,  añadiendo alrededor nuevas estructuras que acabaron formando el cerebro de los mamíferos, capaz de nuevas funciones como el apego, la desconfianza y el rencor, bases de la vida social. En los antropoides y, sobre todo, en los humanos se configura un tercer cerebro, formado alrededor de los otros dos, capaz de razonar, procesar conceptos abstractos y construir catedrales y bombas atómicas.
Los tres cerebros están activos en nosotros, y, aunque están muy conectados entre sí y programados para cooperar, pueden en ocasiones interferirse y tomar funciones que no les corresponden. Del cerebro heredado de los reptiles depende la inteligencia corporal, del heredado de los mamiferos primitivos la inteligencia sentimental, y del cerebro antropoide la inteligencia racional.
A lo largo de la historia, la educación ha tratado de establecer una jerarquía entre los tres cerebros, generalmente insistiendo en la primacía de la inteligencia racional sobre las otras dos. Este largo proceso educativo ha ido configurando una cuarta inteligencia, colectiva y cultural, que hace muchas veces innecesaria la inteligencia individual. Consiste en normas, pautas de conducta y respuestas establecidas ante diferentes situaciones tipo. A esta inteligencia la llamare “social”. Gracias a ella es posible sobrevivir sin aportar nada propio, solamente siguiendo las directrices, costumbres y modas establecidas.
Al largo debate sobre cuál de las cuatro inteligencias debe prevalecer en los asuntos humanos, yo vengo a añadir una nueva visión, que ya estaba anticipada en el concepto de “razón vital” de Ortega y Gasset. El problema no es quien manda en mí, si los apetitos, los sentimientos, el razonamiento o las normas culturales, sino cual es la decisión más apropiada en cada momento y en cada circunstancia,
“¿Qué hago yo ahora?” es la gran pregunta del ser humano. La respuesta no es una competición entre inteligencias, sino el uso integrado de las cuatro. Tomar posesión de la propia vida es aceptar sensaciones, sentimientos, razonamientos y normas para integrarlas en una construcción única, que no nos ha sido dada por la naturaleza, sino que ha de ser elaborada por nosotros mismos a lo largo de nuestro desarrollo personal.

Luis de Rivera

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